Costas de Aragua: Choroní, La Ciénaga y Catica

Nací en Maracay estado Aragua, y sin detalles no conocía a plenitud sus costas. Entre reencuentros y familia pude ser testigo de tan maravillosas playas. El lujo viene en lo puro, en lo propio, con arena, sol, redes de pesca, lanchas usadas y vistas memorables.

Una vez más, fui deponente de la rebeldía del mar; con fuerza te conduce hacia cualquier destino, pero debes aferrarte a tu chaleco salvavidas, aunque los hogareños parecen andar por aguas nobles sin apuros.

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Playa Grande, Choroní

Empezando por Choroní, solo puedo describir su playa y su notable amabilidad que destaca en tiempos de crisis y de cambios. Te sientes seguro y valorado. Desde allí puedes tomar una lancha para visitar las distintas cosas como Cepe, Tuja, Valle seco o visitar las costas de Ocumare de la Costa (Cata, Catica, La Ciénaga).

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La Ciénaga

Tuve el placer de conocer la tan querida Ciénaga, llamada la piscina por sus tranquilas y bajas aguas, además de su gama de azules que permiten soñar por cuál color enamorase. Descansas, olvidas y recuerdas lo maravilloso que es lo que te rodea. Aun persiste el cuidado por su fauna y flora; y es un deber para todo visitante. Lo bueno cuesta y hay que darle cariño.

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La Ciénaga

La Ciénaga posee unas pequeñas casas donde la mayoría son habitadas permanentemente. De esas personas que se presentan con el mar y se casan, así no más. Por pertenecer al Parque Nacional Henri Pittier no se permite construir y su acceso más usado es desde La boca,  Ocumare de La Costa vía marítima y con una duración de 15 minutos aproximadamente.

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El señor lleva más de 18 años viviendo en La Ciénaga. Llegó y se quedó, así no más.

Una vez enamorada de la Ciénaga, nuestra parada fue en Catica, muy cerca de Cata, donde sus límites son de carácter; goza de una vista al mar y sabes que de allí no hay más que azul, azul profundo. Y su otro extremo es de montaña, lo que dificulta su acceso caminando, solo lo aventureros lo hacen. Así que se llega en lanchita, cerquita y rapidito.

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Catica

Si toman la lancha desde Puerto Colombia, Choroní, hacia las Costas de Ocumare les tomará casi 50 minutos. Así que se recomienda hacerlo desde La Boca, Ocumare. ¿Por qué tomé ese camino? Porque me quedé en Choroní.

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Catica

Además de admirar también hay que saber como moverse, así que el traslado interno de Choroní se hace en las “guaguas”, pequeños buses pintorescos que trabajan hasta altas horas de la noche. La comida es variada y puedes preguntar por la que más te guste y se adapte a tu presupuesto.

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La Ciénaga

No solo capturar lo hermoso de sus costas, es la tan deseada amabilidad que aún persiste en su gente, eso que hace tanta falta por estos días y reconforta el espíritu porque te nacen alitas de esperanzas en que las cosas puede ir bien y mejor.

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La Ciénaga

¿Qué les pido?, que vayan, disfruten, contemplen, cuiden, agradezcan a la naturaleza por tan preciado regalo y vigilen de quienes aún no saben lo que hacen y malogran nuestra tierra.

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La Ciénaga

Mérida: ejemplo para Venezuela

Venezuela cuenta con una gama de paisajes y destinos muy ricos, ¿quieres ir a la playa? ve, ¿quieres ir a los médanos? ve, ¿quieres ir a la selva? ve, ¿quieres ir a la montaña? ve. Mérida se ubica en la zona andina de Venezuela, al suroeste, frontera con otros dos estados donde las montañas y el frío se comunican muy bien.

Los merideños, y los andinos en general, son conocidos por su amabilidad, inteligencia y su energía para el trabajo (del que venga). De esos que quieres conocer para que te contagien cuando las ganas se bajan y no quieres seguir. Así son ellos.

Gracias a un viaje turístico pude tropezarme con esta maravillosa tierra. Tres días, solo tres días fueron suficiente para agradecer su existencia y con ansias espero que sigan siendo un ejemplo para el país y el mundo.

El viaje comenzó con una breve visita a Isnotú, estado Trujillo, donde conocí el santuario del Dr. José Gregorio Hernández, bastante sencillo pero dominante ante la fe de quienes lo visitan. Lo rodean decenas de puestos donde podrás conseguir souvenirs con su imagen y artesanía de la zona.

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Pasé la noche en el Vigia y a la mañana siguiente desayunamos en un pueblo llamado La Venta, puedes empezar el día con unas empanadas rellenas de papa (ser vegetariano tiene sus restricciones pero igual de deliciosas), lo mejor, su precio. Siempre lleven efectivo, los puntos de ventas no abundan así que es mejor estar prevenido.

La Venta es la bienvenida a la altura, la cordillera, donde empiezan las aventuras y el “mal de páramo”, luego les contaré de que va.

La carretera de los Andes es regia, sus paisajes de ensueño, si no lo conoces parecerá una eternidad llegar a tu destino, pero su vista te hace olvidar aquello y deseas tener la mejor cámara para capturar cada casita, árbol, río y carretera allá chiquita que ves desde lo alto. El frío, es bienvenido, tolerable en enero.

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Descubrí el Collado del Cóndor (Pico el Águila, representa el paso de los Andes del libertador Simón Bolívar), más de 4.000 m.s.n.m y el dolor de cabeza por la altura, hasta los musculosos pierden. Pertenece a Sierra Nevada de Mérida y fue inaugurado en 1927.

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Cuenta con puestos de venta (guantes, gorros, artesanía y comida). Probar la pizca andina es apropiado para recobrar el aliento. Una pequeña casa te refugia del frío y puedes disfrutar de un breve toque musical a la entrada por un hogareño de la zona.

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Collado del Cóndor

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Se vuelve a tomar el bus y se llega más abajito a la Laguna de Mucubají. Se estima que tiene unos 10 mil años de antigüedad. Abundan los frailejones, pero no los vi en su máxima expresión, imagino que por la época.  Su acceso es bastante amplio y muchos vehículos estacionan muy cerca de la laguna.

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Laguna de Mucubají

¿Qué me gustó? La Loca Luz Caraballo con su familia peluda y su canto alegrando la visita.

De allí pasamos a conocer la Capilla de Piedra, obra de Juan Félix Sánchez. Pequeña, acogedora y elección para bodas de ensueño. Está ubicada en San Rafael de Mucuchíes y es el pueblito más alto de Venezuela. Ahora entiendo porque me dio el mal de páramo. Luego de captar lindas imágenes fui víctima de tal mal -mareos y más mareos-  pero valió la pena.

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Al final de la tarde hicimos una parada en La Casa Encantada de la que no tengo nada de que hablar ya que con mis mareos no pude disfrutarla. Pero me la recomiendan a mil, así que se debe comer rico.

Finalmente llegamos a nuestro hotel, Escuela de Mérida, sencilla y muy cómoda. El frío te acompaña en todo momento y lo mejor es que queda cerca de la plaza y puedes disfrutar de pequeños restaurantes a bajo costo y con mucho sabor.

Fueron tres días y apenas narré el día uno. Así que a la mañana siguiente no dirigimos al Zoológico Chorros de Milla y aunque tengo mis reservas con los zoológicos, los animales se encuentran bien y es un lugar muy hermoso con mejoras a hacer pero todo en su momento.

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Zoológico Chorros de Milla

Mérida tiene muchos lugares así que nos decidimos por ir a la famosa Venezuela de Antier. Vaya que queda lejos de la ciudad y las colas son larguísimas en temporada, pero vale la pena la espera. Recorrer los quince estados es una aventura y debes caminar y caminar. Es una paseo de un día si quieres apreciar cada detalle. Pero tuve que hacerlo en cuatro horas y con un palo de agua de compañía. Más diversión.

Amé la forma de ver nuestro país, lo destacado, lo bueno, lo sencillo. En cada estado puedes probar la comida autóctona y acercarte más a ese rinconcito de tu país.

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Vista del estado Miranda y Aragua  (Parque Histórico Alexis y  La Venezuela de Antier).

Día dos: completado y con éxito.

Se viene la visita a la ciudad y empieza con el recorrido al Mercado Principal de Mérida, provoca llevarse todo, es muy organizado y su gente cordial. Amé ver sus juguetes artesanales demostrando el gran talento y esmero que tienen al trabajar.

Puedes almorzar una pizca andina, pastelitos andinos o todo lo que sea andino. Lo mejor: su sabor y su precio.

Otro punto a conocer es el Museo de Ciencias, atentos y amables -amo a los merideños- para luego llegar a lo más dulce y desafiante, la heladería Coromoto -de los mil sabores-, posee el récord Guinness como la heladería con más sabores en el mundo. Y como buena vegetariana me sampé dos: maíz, caraota y queso y otra de plátano con auyama. Si pides fresa o chocolate serás señalada de por vida.

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Para finalizar el día teníamos que conocer la plaza Las Heroínas y el teleférico que aún estaba en construcción pero sus instalaciones son increíbles. Tuve la oportunidad de toparme con un guía que nos dio una charla sobre lo complejo y atrevido que fue el proyecto del teleférico. Pero una de las cosas que más me conmovió fue el saludo de un parqueador de carros a la llegada de la plaza que aun con aspecto pingajoso nos recibió con una educación digna de envidiar por muchos “estudiosos”. Es indiscutible que el merideño tiene la amabilidad tatuada en la piel y todos son representantes de lo bueno de su ciudad y de Venezuela.

Se termina este viaje y antes de partir temprano en la mañana nos dirigimos una vez más al páramo Sierra Nevada para tomar rumbo hacia Barinas y emprender el regreso. No si antes disfrutar de lo más hermoso, simple, maravilloso y sabio como el saludo del día y su afán por salir aunque no parezca. Su esmero por mostrar que su paisaje con sus colores y poses hacen de cualquier fotografía la más sublime.

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Venezuela es hermosa, sencilla, grande. No compite solo existe. Más empatía, más educación, más sentido de pertenencia, más venezolano, más humano. Solo necesitamos ser más nosotros para mostrar lo bueno, dejar lo malo y atreverse.

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¡Cuida, no destruyas! solo tenemos un solo hogar, se llama planeta.

 

Tucacas en diciembre

Diciembre es una época muy importante, aunque no quieras, te arropa y te calienta con sus talentos. A pesar de estar ante cualquier crisis, sea económica o emocional, te tocará el corazón (o la billetera). Aunque de eso no hablaré en este post, ni de los árboles de navidad, pesebres, regalos ni de las deliciosas hallacas (plato navideño venezolano) ni mucho menos de mi chef personal que las prepara vegetarianas exclusivamente para mí.

Aquí lo que importa es mencionar esa maravillosa zona del occidente donde se encuentra el Parque Nacional Morrocoy, sus playas y sus cayos. Y otra vez, por asares del destino, casualidad o no, nunca había estado allí.

No conocí sus cayos, solo su playa (Punta Brava), la disfruté. No hay mucho que decir, solo quiero mostrar un pedacito.

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Esta zona es ideal para disfrutar con niños, pero con prudencia. También se puede ver lindos peces, muchos peces (eso me dijeron porque yo no vi ni uno).

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Nunca olvidemos respetar la naturaleza

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Vía hacia la playa con desechos 

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No es agradable montar esta imagen. Preocupa enormemente la poca educación que aún persiste sobre nuestro planeta, su valor. No importa las circunstancias y la vida que llevamos, podemos cambiar, ¡debemos cambiar! Nuestra esencia está vinculada con ella, la naturaleza, no hay forma de perderle; aunque es probable que se olvide.

¡No lo permitamos! 

Chuao: tan cerca y tan lejos

Aragua, es un estado venezolano ubicado en la zona central. Privilegiada  con una amplia costa que muestra, y a veces, esconde, hermosos paraísos donde el mar, las montañas y las palmeras se hacen sus aliados para contemplar lo que la naturaleza nos brinda; sin olvidar el calor humano que encontramos al llegar.

24 años viviendo en su capital, Maracay, nunca había intentado siquiera, conocer un pueblito llamado Chuao. “Allí hacen el mejor chocolate”, “el mejor cacao”, escuchaba.

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Una gran amiga, aventurera y amante de la naturaleza y de su magia, me invitó a conocer tan popular pueblito, también afamado por sus tambores, en celebración a las fiestas de San Juan. Así que sin mucho planear nos embarcamos en ese viaje por las valientes aguas de las costas de Aragua.

Desde Choroní, Puerto Colombia, tomamos una lancha que nos llevaría hasta allá. Unos 20 minutos aproximadamente. También puedes llegar caminando haciendo un recorrido de casi 24 kilómetros desde Turmero, estado Aragua (por estos días no se recomienda tomar esta opción por temas de seguridad). Eligiendo la primera opción, al llegar pudimos confirmar lo sublime de su playa, no muy amplia pero con mucho carácter.

Te saluda su gente, sus palmeras y sus olas. Acampar es un placer que hay que disfrutar y si deseas llegar al pueblo, que sea a pie, para poder respirar, sentir y observar lo más puro de la naturaleza y el cacao en su máxima expresión primitiva. No escucharás sonido artificial, solo un viajero a moto de vez en cuando.

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Al llegar al pueblo, encontrarás una entrada que deberás pasar mojándote los pies, es mejor. Por ser pequeño verás todo casi al instante, su pequeña iglesia que forma parte del proceso del cacao en tiempos de cosecha y su gente vendiendo el producto más casero y auténtico hecho del mismo.

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Para mí, fue especial, pero encontrar a un minino (gato) en plena vía al pueblo, donde no habita nadie fue lo más triste y conmovedor, dejarlo allí no fue opción así que tuve pareja en mi carpa (hoy, goza de un hogar).

Pero hay algo que simplemente no conocía ni había escuchado. A la mañana siguiente de haber llegado, junto con unos guías que puedes contratar fácilmente en las posadas o en la playa, nos alistamos para un recorrido de dos horas pasando aproximadamente 28 riachuelos y rodeados de una espesa selva, verde y profunda. El cansancio no se siente, las ganas de llegar son más.

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Cuando piensas que aún falta, empiezas a escuchar música, sí, música de la naturaleza, la respuesta a tu ropa empapada, el agua cae, cae cerca. Quieres ver y no lo ves, lo escuchas. Con mi cámara en un bolsito de “Aruba”, pude ver algo realmente hermoso, puro y ponente: El Chorrerón, una cascada de unos 70 metros de altura y se encuentra entre los límites del Parque Nacional Henri Pittier.

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Fue descubierta hace algunos años, y goza de una ansia por parte de quienes desean conocerla, recorrer sus aguas y apreciar lo hermoso de la naturaleza; y se encuentra, aquí, en el estado Aragua.

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Una vez disfrutado de su compañía, hay que regresar; otras dos horas, el cansancio se asoma, pero no importa, valió la pena.

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En Chuao puedes acampar o quedarte en alguna de sus posadas frente a la playa. La primera opción es muy recomendada. La sencillez de su gente y sus estructuras son protagonista, pero sí desearía alguna mejora para dignificar la estadía de quiénes hacen vida allí y quiénes desean ir de vacaciones.

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Tomar la lancha fue una aventura, asegúrense de usar el chaleco salvavidas, no importa que tan buen nadador seas o si eres familia de Ariel, las aguas de Aragua tienen carácter y también orgullo, así que mejor es andar con cautela. La aventura está desde el primer momento que la tocas.

Llegas, contemplas Puerto Colombia, tomas un bus al terminal de pasajeros y otra aventura te espera: tomar el bus de regreso a la ciudad de Maracay (ojalá fuera una aventura divertida, de esas que quieres repetir, pero no, hay que esperar, y mucho).

La bueno cubre lo malo, no lo borra; así que siempre cuidemos de nuestro hogar, sus playas, su naturaleza, su gente. Cambiemos lo que tengamos que cambiar y amemos lo que tengamos que amar: todo.

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Viajar desde casa: ¡hola! soy Mafer

El mundo está lleno de grandes enigmas y de obras realmente maravillosas, de esas que nos quita el aliento y nos hace soñar todos los días, de esas que nos sorprende y simplemente creemos que es algo sobrenatural, tal vez lo es. Sin embargo, disfrutar de sus bondades y recorrer sus venas no siempre es tan sencillo como lo soñamos, pero no imposible.

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Foto cortesía: Luis Moreno.

Apreciar cada detalle que está al alcance de nosotros es lo que debe movernos, motivarnos y emprender rumbos que nos permita llegar hasta donde no conocemos, he allí la belleza de viajar, explorar y enriquecer el alma.

Cada comunidad, pueblo, ciudad, región, país es único, increíble e importante. amarlo debe formar parte de nuestra sociedad, y quizá logremos la tolerancia y esa “paz” que tanto pregonamos.

No pretendo ser un guía, no he viajado; no quiero ser famosa, soy tímida; no busco sorprender, el mundo ya lo hace; solo quiero compartir y aprender de ustedes, algún día leerán esto y podrán enseñar sus experiencias, mis experiencias, para que dentro de cada visión resaltemos lo sublime de nuestro planeta.

 

¿Soy fotógrafa?

No, solo mi viejo celular me acompaña.

¿Soy bloguera?

Aún no.

¿Soy viajera?

No, quiero serlo.

¿Soy humana?

, de las que ves a diario.